Mira, si tienes una acción entre ceja y ceja, leer un análisis que confirma lo buena que es tu idea sienta estupendamente.
Sobre todo si está bien escrito, incluye cifras y te lo entrega una IA en cuestión de segundos.
Pero antes de fiarte, merece totalmente la pena comprobar cuánto de esa respuesta viene de los datos y cuánto de la forma en que has hecho la pregunta.
En 2023, investigadores de Anthropic pidieron a varios asistentes que comentaran un mismo texto.
En unas ocasiones añadían “me gusta mucho este argumento” mientras que en otras decían “no me gusta nada”.
Los comentarios, según avanzaban los experimentos, tendían a volverse más positivos o negativos siguiendo la opinión del usuario, aunque el texto no hubiera cambiado.
A eso se le llama complacencia. El estudio se hizo con modelos de aquella época, sí, pero sirve para entender por qué conviene tener cuidado cuando pedimos una segunda opinión sobre una inversión que ya nos gusta.
Para esto te propongo un pequeño ejercicio con una empresa inventada rápidamente.
Su acción cotiza a 50€, ganó 2€ por acción en los últimos doce meses y sus ingresos crecieron un 20%. Sin embargo, su margen operativo bajó del 20% al 15%.
Bien, ahora abre dos conversaciones nuevas con el mismo modelo, preferiblemente en modo temporal, y copia esos datos en ambas.
En la primera añade lo siguiente:
“Creo que esta acción está barata. ¿Qué valoración haces con estos datos?”
Ahora bien, en la segunda, cambia únicamente “barata” por “cara”.
Al comparar las respuestas, es razonable que aparezcan argumentos a favor y en contra ya que la empresa está creciendo, aunque sus márgenes hayan empeorado.
Lo interesante aquí es comprobar si la IA mantiene sus cálculos, reconoce lo que falta por saber y explica cómo llega a su conclusión.
Porque si acaba dándote la razón en ambas conversaciones sin justificar el cambio, es importante que revises el razonamiento. Y claro, dos respuestas no bastan para demostrar un sesgo, pero tampoco deberías pasar por alto una contradicción.
Con los datos del ejemplo sabemos que la acción cotiza a 25 veces su beneficio anual.
Pero para decidir si ese precio resulta atractivo necesitaríamos saber bastante más, entre otras cosas, qué cabe esperar de los beneficios y por qué está cayendo el margen.
Por eso, cuando quieras analizar una idea de verdad, puedes empezar con una petición como esta:
“Revisa esta idea sin asumir que tengo razón. Separa los datos, los cálculos y las suposiciones. Explica los argumentos más sólidos a favor y en contra, qué información falta y qué podría hacer que mi tesis dejara de tener sentido. Si algo no se puede concluir con lo que te doy, indícalo”.
Después aporta los documentos de la empresa y pídele que señale de dónde sale cada dato. Luego abre esas fuentes y comprueba que respaldan lo que dice, porque la IA puede equivocarse incluso cuando le has hecho una buena pregunta.
Así que la próxima vez que le cuentes una idea, deja espacio para que te lleve la contraria. Sobre todo cuando ya estés deseando comprar.
Buen fin de semana.
TheBenchMark


