El S&P 500 está en máximos, pero algunos inversores ya están mirando hacia otro lado.
Wells Fargo, por su lado, ve demasiado dinero metido en acciones.
Y BlackRock está detectando algo curioso, y es que la IA y Bitcoin podrían estar cambiando dónde tiene sentido buscar diversificación.
Esta semana hay dos movimientos que merece la pena vigilar.
1. El 72% de las carteras está en acciones y Wells Fargo ve venir una corrección:
Hay un dato de Wells Fargo que llama bastante más la atención que su nuevo objetivo para el S&P 500.
El 72% de las carteras está ahora expuesto a acciones.
Es el nivel más alto desde 1969.
Y el problema no es únicamente que sea una cifra elevada.
Es que, según Ohsung Kwon, estratega jefe de renta variable de Wells Fargo, con las valoraciones y el crecimiento actuales una asignación más razonable estaría cerca del 60%.
Tenemos, por tanto, una diferencia de 12 puntos porcentuales.
Y esa brecha es la mayor desde hace más de cinco décadas.
Y es aquí es donde aparece el riesgo.
Porque si los inversores empiezan a reducir su exposición para volver hacia niveles más normales, no hace falta que los beneficios se desplomen para que el mercado corrija.
Simplemente tiene que salir dinero de las acciones.
Wells Fargo calcula que ese proceso podría provocar una caída del 5% al 10% en el S&P 500 antes de que el índice alcance su nuevo objetivo de 7.700 puntos.
Pero hay algo todavía más curioso. El banco acaba de elevar sus previsiones de beneficios para el S&P 500.
Espera ahora un EPS de $425 para 2027 y $460 para 2028.
Es decir, las ganancias siguen creciendo. Lo que cambia es cuánto está dispuesto a pagar el mercado por ellas.
Y aquí entra otro factor.
Con los tipos más altos y el Treasury a 10 años acercándose al 5%, mantener una exposición enorme a acciones tiene un coste de oportunidad mayor.
Por eso Wells Fargo también está empezando a cambiar su apuesta sectorial.
Ha rebajado tecnología a neutral y ha elevado salud a sobreponderar, mientras advierte de que una desaceleración del gasto en infraestructura de IA podría terminar afectando a las previsiones de beneficios de los próximos años.
El banco no está diciendo que el mercado tenga que desplomarse.
Está diciendo que, con tantos inversores ya posicionados en acciones, el margen para que algo salga mal es mucho más pequeño.
Y cuando todo el mundo está dentro, a veces no hace falta una mala noticia.
Solo hace falta que algunos empiecen a salir.
2. BlackRock ve dos cambios que pueden alterar cómo se construyen las carteras
Hay algo interesante ocurriendo al mismo tiempo en dos rincones muy distintos del mercado.
Bitcoin está dejando atrás parte de la volatilidad que lo convirtió en un activo tan difícil de incorporar a una cartera.
Y la IA está empezando a dejar de ser únicamente una historia de chips y grandes tecnológicas.
Jay Jacobs, responsable de ETFs de renta variable estadounidense en BlackRock, señaló que la volatilidad anualizada de Bitcoin ha pasado de niveles cercanos al 80% a un rango de 35%-40%.
Una de las razones estaría precisamente en la llegada del capital institucional.
El iShares Bitcoin Trust (IBIT) de BlackRock ya acumula alrededor de $64.000 millones en flujos netos desde su lanzamiento.
Y cuanto más dinero institucional entra, más profunda se vuelve la liquidez del mercado y más participantes a largo plazo aparecen.
Eso no significa que Bitcoin haya dejado de ser volátil.
Pero sí cambia la forma en la que algunos gestores empiezan a verlo.
De hecho, un análisis de BlackRock sobre los últimos diez años concluye que una asignación del 1%-2% a Bitcoin habría mejorado el perfil de riesgo y retorno de una cartera tradicional 60/40.
Y mientras Bitcoin intenta ocupar ese espacio dentro de las carteras, BlackRock está viendo otro cambio importante.
La IA ya no es solo una historia de Nvidia, Microsoft o los grandes valores tecnológicos.
Cada nuevo centro de datos necesita electricidad, terrenos, redes, refrigeración, materiales y toda una infraestructura física detrás.
Eso significa que una parte cada vez mayor del dinero destinado a IA puede terminar en sectores que, a primera vista, tienen poco que ver con la inteligencia artificial.
Utilities.
Materiales.
Infraestructura.
Real estate digital.
En otras palabras, la IA está empezando a convertirse en una apuesta sobre todo lo que hace posible que la IA funcione.
Y mientras el S&P 500 sigue muy concentrado en unas pocas compañías tecnológicas, la cadena de valor de la IA se está haciendo mucho más grande.
Para los inversores, eso abre una pregunta diferente:
¿Y si la próxima fase de la IA no consiste en comprar más acciones de las mismas siete compañías, sino en buscar quién está construyendo la infraestructura que necesitan?
Al final, mientras algunos inversores cuestionan cuánto más puede aguantar el S&P 500, otros están mirando hacia Bitcoin, infraestructura y los sectores que se benefician de la expansión de la IA.
Y ahí es donde suelen aparecer los movimientos interesantes.
Si quieres seguir de cerca estos eventos exclusivos, te esperamos dentro del portal:
Nos leemos en la próxima.
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