Esta semana el dólar ha hecho algo que no hacía desde mayo de 2025: cruzar los 100 puntos en el DXY. Y aunque suene a un dato más en medio del ruido de la Fed, el petróleo y la inflación, en realidad es la pieza que conecta todo lo demás.
En esta edición vamos a desmontar el DXY de arriba a abajo: qué es, cómo lo lee el mercado, su relación con el S&P 500 y con la renta fija, y — lo más importante — qué nos dice la historia sobre los dos únicos episodios que comparten el mecanismo de lo que está pasando ahora.
¿Qué es el DXY, en realidad?
El DXY (U.S. Dollar Index) mide cuánto vale el dólar frente a una cesta de seis divisas. No es "el dólar contra el mundo": es el dólar contra estos seis socios comerciales, ponderados por importancia.
El índice nació en marzo de 1973, justo después de la caída del sistema de Bretton Woods, con una base de 100 puntos.
Dato clave que mucha gente no sabe: el euro pesa más de la mitad del índice.
Esto significa que, en la práctica, el DXY se mueve casi en espejo (inverso) con el EUR/USD. Si el euro se deprecia con fuerza, el DXY sube aunque el dólar ni se mueva frente al yen o la libra.
Si el DXY cotiza en 100, el dólar tiene, frente a esta cesta, aproximadamente la misma fortaleza relativa que en 1973.
Lo calcula y publica ICE (Intercontinental Exchange) con una media geométrica de los seis tipos de cambio.
No necesitas la fórmula de memoria, solo esta intuición: sube cuando el dólar se fortalece, baja cuando se debilita.
Cómo lo lee el mercado
El DXY funciona como un termómetro de flujos de capital globales.
Y aquí está la clave que toda mesa de trading tiene clavada en la cabeza: el dólar se mueve principalmente por diferenciales de tipos de interés y por demanda de refugio.
Dólar fuerte (DXY subiendo) suele significar:
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