Hola!
En esta edición vamos a analizar uno de los hitos más importantes en la historia de Bitcoin: la llegada a los 20 millones de monedas en circulación.
A partir de ahí, exploraremos cómo funciona realmente su emisión, por qué la escasez es el elemento central de su diseño, qué papel juega el “hashrate” y cómo ha evolucionado el mercado en cada ciclo.
Como novedad, dejaremos una tarea de la semana: un concepto sobre el que reflexionar, que iremos desarrollando a lo largo de futuras ediciones con más actividades para hacer este espacio más interactivo y fomentar distintas formas de interpretar el mercado.
Vamos allá.
Introducción
El 9 de marzo de 2026 ocurrió algo que solo podía pasar una vez en la historia de Bitcoin.
En algún momento de ese día, mientras la red seguía funcionando como lo hace cada diez minutos desde 2009, se minó el Bitcoin número 20.000.000.
Veinte millones.
Eso significa que aproximadamente el 95% de todos los Bitcoin que existirán jamás ya están en circulación. Y el millón que queda por emitir tardará, según el diseño del protocolo, alrededor de 114 años más en completarse.
Si esto no te parece una noticia extraordinaria, probablemente es porque aún no has entendido del todo lo que implica.
Primero lo básico: ¿Cómo nacen los Bitcoin?
Imagina que Bitcoin es una red global de ordenadores que se encarga de registrar y verificar todas las transacciones que se realizan con esta criptomoneda.
Para que alguien pueda añadir un nuevo “bloque” de transacciones a esa lista oficial, primero tiene que resolver un problema criptográfico extremadamente difícil.
Los ordenadores que compiten por resolverlo son los llamados mineros.
El primero que encuentra una solución válida obtiene el derecho a añadir el siguiente bloque a la cadena. Y la recompensa por hacerlo es recibir una cantidad de Bitcoin recién creados.
Así es exactamente como nacen los nuevos Bitcoin: no los imprime ningún banco central, no los decide ningún gobierno.
Los genera el propio protocolo de forma automática, como incentivo para quienes aportan potencia computacional y ayudan a asegurar la red.
Hasta aquí, sencillo.
Ahora viene la parte realmente brillante.
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